Por: Manuel Ortiz
La historia reciente del transporte público dominicano nos ha enseñado que los conflictos no comienzan con grandes estruendos, sino con pequeñas violaciones que se dejan pasar. Hoy, con preocupación creciente, queremos alertar al país y al presidente Luis Abinader sobre una situación que, de no corregirse a tiempo, podría escalar hacia un escenario de confrontación innecesaria.
El recién puesto en operación corredor de la avenida Independencia nació con reglas claras. Su licencia, avalada por el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), establece un recorrido específico: origen en el 12 de Haina y destino en el Parque Independencia. Ese fue el acuerdo firmado y ese fue el compromiso vendido a la ciudadanía y al sector transporte. Sin embargo, lo que debía ser un ejemplo de organización amenaza con convertirse en foco de tensión.
Diversos reportes indican que autobuses del corredor están desviándose por la avenida México, un punto neurálgico donde convergen múltiples empresas del transporte tradicional. No se trata de un simple cambio de ruta: es una violación directa a lo pactado con las autoridades y un movimiento que muchos dentro del sector ya califican como una estrategia maquiavélica que erosiona la frágil convivencia entre rutas.
El peligro es real y está creciendo. El descontento entre choferes de otras rutas no es un rumor de pasillo; es un malestar que se siente en las calles y que, si no se atiende con firmeza y transparencia, podría desembocar en enfrentamientos. La gestión del presidente Abinader ha apostado por la transformación del transporte, pero episodios como este amenazan con empañar avances que han costado años de esfuerzo.
Por eso el llamado es urgente. Señor Presidente, interceda antes de que la chispa prenda. La prevención hoy puede evitar titulares de violencia mañana. Y al Intrant le corresponde hablar claro y actuar con la misma firmeza con que otorgó las licencias. El silencio administrativo, en momentos como este, solo alimenta la incertidumbre.
Resulta penoso que, a pocos días de iniciar operaciones, conductores del corredor Independencia parezcan dispuestos a violar su propio acuerdo, en detrimento del orden y de sus propios colegas del sector choferil.
El país no necesita otro conflicto en sus calles. Necesita reglas que se respeten, autoridades que vigilen y decisiones oportunas que eviten que la ruta de la México se convierta en el próximo punto de ebullición del transporte nacional.




